
Después del revés
Ir por más poder popular y más pluralidad
Arturo Hernández Tovar
.jpg)
15 de marzo de 2026
Después del revés que ha tenido la Presidenta Claudia Sheinbaum al no aprobarse su iniciativa constitucional de Reforma Electoral, ha anunciado de bote pronto un Plan B que, sin embargo, no entusiasma tanto por ahora, si bien tiene como objetivo combatir con mayor determinación los privilegios no sólo con el abuso y dispendio de los dineros del pueblo, sino con el ejercicio mismo del poder en todos los niveles.
Empoderada como está de un elevado apoyo popular que rebasa la votación que obtuvo para ser Presidenta de la República, superando incluso a su antecesor Andrés Manuel López Obrador, que ya había arrasado, seguramente irá por más y más a fondo, lo cual tendrá que ser valorado como un alto dividendo de este revés, aunque pareciera un contrasentido.
Sí hay que atenerse a la máxima de que la derrota es la madre de la victoria, las expectativas parecen promisorias, pues se trata de una mujer templada en la lucha contra adversidades.
En esta batalla no sólo sus adversarios confesos, sino hasta quienes como aliados se subieron al Movimiento de Regeneración Nacional para instalarse en el poder, impidieron que su iniciativa saliera avante.
Sólo faltó que una fotografía al estilo de la famosísima “Roque-señal”, con la que se festejó la aprobación del IVA como una pesada carga que los legisladores ya priistas impusieron a los mexicanos, ahora ilustrara y dejara para la posteridad la imagen de diputados del PT y Verde Ecologista (dizque aliados de la Presidenta), tomados de la mano con priistas, panistas y “naranjas”, brincando de gusto por haber echado abajo la iniciativa presidencial, en tanto que tres diputadas morenistas acompañaban el festín.
A sólo un año y cinco meses y medio de ejercer el poder recibido arrolladoramente, Claudia Sheinbaum tiene tiempo para potenciar aún más su apoyo popular y legislativo en las próximas elecciones, e ir por una transformación más amplia y profunda no sólo en materia electoral, sino del sistema político y social mexicano.
Se da ahora la circunstancia para ir por más apoyo popular a ésta —y otras trascendentes iniciativas de transformación— y, por lo pronto, a impulsar la pluralidad política como una de las condiciones inherentes de la Democracia. Será ello muy útil para oxigenar la actividad política y depurar, por la voluntad del sufragio, los partidos y políticos que han perdido su credibilidad y persisten en defender intereses puramente económicos y posiciones llamadas de “representación popular” decididas no directamente por los electores, sino por las cúpulas de los partidos en beneficio de sus dirigentes y hasta de sujetos de graves acusaciones que les hicieron optar por el destierro para luego volver protegidos por el fuero.
Quienes vieron la iniciativa presidencial como moderada a la luz del anhelo popular que la primera mujer instalada en la Presidencia de la República representa, estarán ahora jubilosos, porque ésta es otra oportunidad para participar en la elaboración de una nueva iniciativa que en efecto transforme más de fondo y con amplitud la vida política y social de México a partir del ejercicio más pleno de la Democracia ganada en los últimos lustros mediante duras luchas que en sus inicios con Cuauhtémoc Cárdenas costaron la sangre de más de medio centenar de quienes creyeron en esta causa que en efecto ha estado dando frutos, pero que todavía requiere redoblar esfuerzos para que efectivamente todos los mexicanos nos sepamos representados en los tres Poderes del Estado y no sólo en el Legislativo.
Más aún, hay que reparar en que por más mayoritario que pueda ser un partido, yendo solo estaría impedido constitucionalmente para sacar adelante una reforma de tal naturaleza.
Es hora, pues, de que las llamadas izquierdas demuestren la casta y busquen sacar adelante propuestas visionarias de largo alcance, radicales como las del gran legislador Francisco J. Mújica, que sean aún más vanguardistas que las de quienes fueron llevados al poder y no se animan del todo.
El revés ha dado banderas para ir de nuevo con el pueblo a recoger sus demandas actualizadas y auténticamente sentidas, poniendo en juego ejercicios innovadores de juicio y opinión informada; es decir, de práctica política en los diversos estratos sociales.
Corresponde a los partidos políticos y, preponderantemente al mayoritario, por supuesto reactivar la movilización y no seguir en sus laureles, a menos que su aspiración haya cambiado drásticamente y sólo quiera esperar que se acabe lo que otros edificaron, como lastimosamente sucedió con el PRD, que postuló: ¡Patria ya!… ¡Democracia para todos!
