
LA CONSTITUCIÓN, BALURTE DE NUESTRA SOBERANÍA
Arturo Hernández Tovar
8 de febrero de 2026
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La Constitución General de la Republica ha sido el documento más invocado o textualmente citado durante las diarias conferencias mañaneras de la Presidenta Claudia Sheinbaum, y también en muchos de sus eventos públicos, para subrayar el apego de sus políticas y acciones al marco constitucional.
Esas frecuentes alusiones lo son por igual para convocar a que todos tengamos respeto al contenido de lo dispuesto en ese documento que no son palabras vacías, sino resultado de duras luchas sociales de nuestro pueblo a partir de la Independencia de México, pasando por la Reforma y la Revolución Mexicana, que nutrieron su contenido.
Si bien ha sido mancillada por malos gobernantes que el país ha tenidos; y así ocurrió particularmente en el gobierno de Carlos Salinas, sus sucesores del PRI y el PAN para establecer normas propiciatorias del saqueo y la corrupción; en los últimos 7 años se han dado pasos significativos para reivindicar el contenido de gran alcance social de la Constitución de 1917.
Sin embargo, a la luz de los ideales de gran visión que en la Constitución se plasmaron sobre todo en materia agraria, de educación, trabajo, soberanía y defensa de nuestros recursos naturales como el petróleo en especial, y de otros ordenes, hoy es notable la falta de pensadores genuinamente empeñados en dotar al país de normas tan o más avanzadas que nos legaron legisladores insignes como Francisco J Mújica y Melchor Ocampo, cuyo radicalismo no ha podido ser derrotado hasta nuestros días.
Hoy, quienes ocupan los escaños en las cámaras del Congreso de la Unión, aun cuando provienen en su mayoría de la auténtica voluntad popular expresada en abundantes votos, parecen estar más preocupadas en arreglijos de camarillas, que de trascender en la historia, como Mújica y Ocampo, de cuyo pensamiento, radicalismo, humanismo, socialismo y rectitud todavía es posible aprender y llevar a la práctica.
Cuando ya no solo son amenazas las que se blanden del gobierno vecino que busca consolidar su imperialismo, sino hechos concretos que abiertamente buscan convertirnos en súbditos e instrumentos para su fortaleza, mucha falta hace tener pensadores mexicanos con ideales y espíritu nacionalista que no únicamente enfrenten esas agresiones, sino que se adelanten al futuro como en su tiempo lo hicieron José María Morelos, Lázaro Cárdenas y, señaladamente Francisco J. Mújica.
Nada por México puede esperarse de la llamada oposición, que apenas se da tiempo para estar a la caza de iniciativas del gobierno de la Cuarta Transformación para lanzarse en contra con su cachiporra; pero no para proponer algo que les sirva a los mexicanos.
Un asomo de unidad para la defensa de la soberanía y de la dignidad de México hubo en la reciente conmemoración del aniversario 109 de la Constitución, en el mensaje del gobernador (panista) Mauricio Kuri, cuando expresó que México no acepta dictados extranjeros y le aseguro a la Presidenta que “juntos vamos a superar la tempestad”.
Falta que a la hora de los hechos ello sea verdad, no simple retórica que ya le estarán reprochando sus compañeros de partido.
Sin embargo algo queda firme ya y plasmado claramente en la Constitución, como iniciativa – esa sí visionaria – del gobierno en turno. Lo es el texto que sobre soberanía y defensa de la Nación establece el recién reformado artículo 40 que ahora a la letra dice:
“El pueblo de México, bajo ninguna circunstancia, aceptara intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero que sea lesivo de su integridad, independencia y soberanía, tales como golpes de Estado, injerencia en elecciones o la violación del territorio mexicano, sea esta por tierra, agua, mar o espacio aéreo”.
En esa tesitura y talante patriótico la Presidenta Sheinbaum afirmó en el recinto mismo donde se aprobó la Constitución de 1917 que, “México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende”.
Es así y, y con cuanto más puedan enriquecerla los defensores de la Patria, que nuestra Constitución es y será en efecto un verdadero baluarte de la soberanía de México.
