
Agua para Morelia y Hospital de la Mujer
DR. ROBERTO ROBLES GARNICA
Arturo Hernández Tovar
10 de mayo de 2026
.jpg)
En la abstracción en la que en estos días me sentí, entre paredes de un hospital, rodeado en el quirófano de cirujanos, anestesistas, enfermeras y estudiantes de medicina, alcancé a evocar aquella idea de que Morelia contara con un Hospital de la Mujer.
Para hacer ese relato casi personal y, algo más, que sin embargo pueda tener cabida en política... en política social, hoy pido permiso a mis apreciables lectores.
Se trata por supuesto de temas ligados a un político de excepción empeñado en darle ese sentido al ejercicio del gobierno: El Dr. Roberto Robles Garnica.
Egresado del Instituto Politécnico Nacional en la carrera de Salud Pública como médico sanitarista, fue comisionado a realizar su servicio social a comunidades indígenas de Chiapas y luego a desempeño profesional en similares regiones de San Luis Potosí.
En la comunidad politécnica destacó como líder estudiantil.
Con ese personaje, que venía ya de haber ocupado cargos en el IMSS en el área de planeación de sus políticas y programas, entablé mis primeros encuentros como reportero cuando se desempeñó como Secretario de Salud y después Secretario de Gobierno en el mandato del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas. A partir de ello cultivamos una prolongada relación hasta su muerte, que presencié en el Hospital Civil Dr. Miguel Silva de Morelia, no en un lujoso hospital privado.
"Su corazón dejó de latir y sus sentidos cesaron cuando el Sol estaba en su cenit", escribí aquella vez en La Jornada Michoacán.
Escribo hoy a propósito de su obra hospitalaria y otras que como funcionario estatal y municipal realizó, casi a la par de su activismo político para promover el Movimiento por la Democratización encabezado por el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, que a él lo llevó a la Senaduría de la República y a ocupar la dirigencia nacional del PRD, así como a la precandidatura de este partido al gobierno de Michoacán, en cuya campaña pude acompañarle en lo que sería uno de mis ocho recorridos por todo el territorio michoacano.
Precisamente después de la contienda por la gubernatura, que ganó el Lic. Víctor Manuel Tinoco Rubí, éste lo invitó, siendo adversario político, a que formara parte de su gabinete como Secretario de Salud, que ya lo había sido en otro tiempo.
Y el Dr. Robles, para sorpresa y punzada política de unos cuantos amigos y correligionarios que seguíamos reuniéndonos a menudo con él... aceptó el cargo.
Ese día nos convocó para darnos sus argumentos e invitarnos a darle propuestas sobre lo que podría hacerse por la salud de los michoacanos, en lo que él creía tener todavía capacidad para aportar.
Todos los reunidos opinamos.
Como la ronda empezó por su derecha y yo estaba a su izquierda, fui el último en hacerlo.
Empecé por ponderar la valía de las opiniones de mis compañeros, pero enfatizando en la trascendencia de su obra de agua potable para Morelia y del Programa de Lucha Contra la Carestía estableciendo el mercado popular de la Feria de Michoacán (que aún persiste), esbocé que si ya se tenía un Hospital General y un Hospital Infantil, sería bueno pensar en construir un Hospital de la Mujer, además de introducir en nosocomios como el de Uruapan, áreas para la práctica de la medicina tradicional en la que las comunidades indígenas tienen conocimientos ancestrales y experiencia, como él mismo alguna vez nos relató de sus andanzas por Chiapas y San Luis Potosí.
La propuesta pareció ganar consenso, pero en eso quedó.
Al poco tiempo nos sorprendió con la noticia de que había acordado con el gobernador Tinoco Rubí llevar adelante ese proyecto del Hospital de la Mujer, para lo cual buscaría apoyo de la Secretaría de Salud federal, a cargo del Dr. José Narro, quien había sido su compañero de lucha estudiantil. Quedó así bien dotado de instalaciones y equipamiento ese nosocomio, aunque después fue lastimosamente hasta saqueado.
Sin embargo hoy en día sigue siendo un gran apoyo para la salud de las mujeres michoacanas no derechohabientes de seguridad social, si bien su concepto de servicios se restringió a la atención materno-infantil de gineco-obstetricia, dejando de lado otras especialidades necesarias muy ligadas a sus padecimientos más frecuentes, como cancerígenos y otros.
También en el Hospital de Uruapan se creó una área de medicina tradicional.
Fueron ideas que cayeron en terreno fértil para bien de la prosperidad, como había ocurrido antes cuando platicamos qué hacer para combatir la carestía:
Pues combatir la carestía organizando a los productores para ofertar directamente a los consumidores del pueblo, estableciendo para ello el mercado popular en las viejas instalaciones de la Feria de Michoacán, que todavía aún perdura, bien enraizado en las clases sociales más necesitadas.
Idea que prendió, como aquella otra que con el Dr. Robles también, siendo presidente municipal coincidimos en visualizar para mejorar y asegurar a futuro el abastecimiento de agua potable de la ciudad.
Fue esa vez al regreso de una gira, cuando vimos varios montículos de tubos de fierro, que a la intemperie estaban abandonados.
— ¿Y ésos para qué son? — preguntó
Lo que yo sabía, por mis indagatorias periodísticas, era que estaban destinados a la construcción del gasoducto que se tendía de Salamanca al Puerto Lázaro Cárdenas, pero que por no tener las especificaciones técnicas habían sido desechados.
— ¿Y de quién son?
— Supongo que de PEMEX. O ahí deben de saber
—Y añadí la idea:
— Estarían muy bien para traer el agua de los manantiales de La Mintzita, que CEPAMISA (la empresa papelera) se anda queriendo apropiar por completo — le informé, apoyado en un reportaje que había escrito al saber que en efecto esa empresa gestionaba que se le renovara y aumentara la concesión por otros 25 años.
Al muy poco tiempo me participó que había hecho la gestión y se tendrían los tubos necesarios.
La magna obra se realizó y ahí están a la vista tubos de ese ducto a la salida a Guadalajara, pasando Tres Puentes. Se aseguró así un importante caudal del agua que se consume en Morelia.
Claro que también hubo ideas dignas del anecdotario chusco, como aquella que surgió a partir de que se platicó de plantar un árbol longevo en el monumento al General Lázaro Cárdenas... un ahuehuete.
Pues, presto el Dr. Robles buscó a un amigo en la ciudad capital para que se lo consiguiera, pensando en un árbol grande.
Al poco tiempo le llamó:
— Ya está el árbol —
— ¿Y cómo hacemos? Te mando un camión o qué, para transportarlo.
— No, ya está aquí, baja de tu oficina.
Al salir a la calle miró a todas partes en busca de un transporte. El amigo le saludó efusivamente y abrió la cajuela de su coche....
¡Allí traía el arbolito!
Se plantó en efecto y ha resistido abandono de las autoridades, a diferencia de otro ahuehuete que un grupo de distinguidos personajes plantaron frente a la Biblioteca Pública Universitaria, que a punto estuvo de secarse, pero fue rescatado con cuanto le pudieron inyectar especialistas en silvicultura y dendrología que fueron traídos. Allí está, ese sí, muy frondoso y verde.
