
El temple del líder Cuauhtémoc Cárdenas
DEMOCRACIA, EN VEZ DE BAÑO DE SANGRE
Arturo Hernández Tovar
1 de Noviembre de 2026
.jpg)
En aquella gran concentración nacional posterior al fraude electoral del ’88, que por primera vez abarrotó el Zócalo de la Ciudad de México y calles aledañas, con gente que visiblemente irritada, con coraje demandaba a gritos tomar Palacio Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas dio muestra clara, contundente de su templanza de verdadero líder político y social.
Hubiese bastado que él se hubiera quedado callado interrumpiendo su discurso, para que la multitud enardecida en efecto diera media vuelta y se lanzara a tomar Palacio Nacional. Pero en cambio elevó la voz llamando a seguir luchando por la vía pacífica, advirtiendo que “el camino de la democracia será largo y ése habrá que seguir”.
No faltaron voces que mostraron su desencanto y protesta abierta, pero la inmensa mayoría lo aclamó cuando habló de la formación de un nuevo partido.
Se evitó así una masacre allí y un verdadero baño de sangre en cascada por todo el país, pues con ese estallido la violencia se habría desatado.
Su llamado a transitar por el camino de la democracia, pronto se convirtió en la formación del Partido de la Revolución Democrática, que no obstante la represión del gobierno usurpador de Salinas de Gortari y otros estatales como el de Luis Martínez Villicaña en Michoacán, con un saldo de 600 muertos, pudo abrirse paso electoralmente.
La organización de las elecciones dejó de estar en manos del gobierno y se dio paso a que lo hiciera un organismo electoral autónomo, independiente. Así nació el IFE (Instituto Federal Electoral). Y seguidamente los organismos electorales estatales.
Uno de los avances más contundentes fue haber ganado en votación arrolladora, precisamente con el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el gobierno de la capital del país y con ello iniciado la transformación democrática, colocando a la atención de los problemas de las amplias capas sociales, como lo más importante. Así el gobierno empezó a estar en manos de la gente y no más a expensas de grupos privilegiados de saqueadores.
Sin embargo, los gobiernos del PRI y luego del PAN siguieron haciendo de las suyas para torcer la voluntad popular electoral y abiertamente recurrieron a diversas formas de fraude, e incluso el desafuero de Andrés Manuel López Obrador cuando era Jefe de Gobierno del Distrito Federal, para tratar de cerrarle el paso a la Presidencia de la República.
Los cambios que se han dado hasta llegar a la llamada Cuarta transformación de la Vida Nacional, no habrían ocurrido si aquel día 16 de julio de 1988, en el zócalo de la Ciudad de México, repleto de gente de todo el país, Cuauhtémoc Cárdenas no hubiera mostrado la inteligencia, templanza, entereza y valentía del líder autentico, responsable para llevar el gran movimiento social por el camino pacifico aunque largo de la democracia; conteniendo así la furia popular que exigía tomar Palacio Nacional, lo cual, como hemos apuntado y él lo avizoró, habría sido una catástrofe, un verdadero y costoso baño de sangre que habría en consecuencia cancelado, quién sabe por cuánto tiempo, el avance un tanto pacifico – no del todo – de la democracia que ahora se tiene en México mediante la participación organizada de la gente, que va haciendo posible grandes y variadas reformas constitucionales, así como cambios en lo político.
En buena medida, aunque falta mucho por lograr, los ideales del movimiento iniciado por Cuauhtémoc Cárdenas avanzan; la Constitución de México se está reorientando hacia el desarrollo social, justo e igualitario de las mayorías y defendiendo el patrimonio nacional.
Los traidores a la causa no faltaron, y aún en las altas esferas hay empeño en presentar la historia recortada de ese gran movimiento de democratización que tuvo la virtud de aglutinar las luchas del ’68, otras anteriores de maestros, médicos, ferrocarrileros y las sucesivas de universitarios, así como de otras diversas acciones que habían tomado incluso el camino de las armas.
Michoacán fue el crisol de ese gran líder, si bien en la sangre lo traía y supo enaltecer su compromiso con la historia.
Fue en Michoacán como mandatario, donde supo recoger los sentimientos del pueblo al realizar, adicionales a las de su campaña electoral, también intensa, 500 giras, visitando en extenuantes jornadas entre 20 y 25 poblados cada día.
No tardará en escucharse la nueva consigna reivindicativa:
¡VIVA CUAUHTÉMOC CÁRDENAS!… ¡VIVA LA DEMOCRACIA!.

