
C. CÁRDENAS Y LAS LUCHAS POR VENIR
Arturo Hernández Tovar
18 de enero de 2026
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*Hoy he decidido publicar este relato inédito, escrito el sábado 29 de julio del 2023, con mi reconocimiento y gratitud al indiscutible líder por el comentario que tuvo a bien enviarme a propósito de la anterior columna: “Cabalgando con el Ing. Cárdenas”; mensaje que me permito compartir:
Estimado Arturo: Con gran gusto he leído tu crónica sobre nuestras giras a caballo. Recuerdos permanentes, que ahí están y estarán. Un abrazo de tu amigo.
Todavía en las goteras de San Pedro Jacuaro, quienes viajábamos en una camioneta rentada nos preguntábamos a qué íbamos.
Elucubramos que se trataría acaso de una fiesta familiar; si en verdad Humberto Urquiza —nuestro anfitrión— se casaba (¿bodas de oro quizá?), como nos había anticipado sobre el motivo de la reunión, o si se trataría de alguno de sus hijos. Y nosotros que ni un presente llevábamos.
Seguidor de Hermes, como ha sido siempre, Humberto había dejado escapar con discreción que habría en ese evento un “invitado muy especial” y, sin decirnos su nombre, dejó que nuestra imaginación diera por hecho de quién se trataba, sin tampoco citarlo.
Conjeturé ante mis compañeros de viaje que quizá era el gusto que Humberto quería darse: tener a ese gran amigo en casa, en familia y con unos cuantos amigos de siempre —o casi siempre— que teníamos ahora la gran distinción de ser convidados.
Cuatro minutos antes de las dos de la tarde, que era la cita, arribamos a la casa de campo, en cuya entrada nuestro anfitrión operaba el teléfono celular dando indicaciones a invitados para decirles el camino.
Al traspasar el umbral, ese “invitado muy especial” ya estaba con un caballito de mezcal en la diestra, que enseguida pasó a la izquierda.
—Aquí se percibe el mismo bouquet que el día de la última de las quinientas giras que hicimos con usted en su gobierno en Michoacán, allá en la Isla de La Pacanda— fue mi saludo al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas y a los amigos que lo rodeaban; pues de evocar se trataba.
Ese fue el primer brindis y luego otros más, mientras el “invitado muy especial” hablaba de su gusto y conocimiento no sólo de esa bebida espirituosa, sino de su proceso, cuando Efraín García Becerra se sumó presumiéndonos su vinata.
La cecina que la esposa de Humberto preparó estaba exquisita como botana. Después vinieron otros platillos de la región que nos llevaron a la mesa los hijos de Humberto, quienes nos dieron lección de anfitrionía y de humildad, pues sin importar sus altos cargos o desempeño profesional, sin prejuicios la hicieron de diligentes meseros.
En efecto, era una comida para estar en familia y unos cuantos amigos con el “amigo muy especial”, con el guía político, con el líder de la lucha por la Democracia, para rememorar algunas de las mejores páginas del gobierno encabezado por el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas en Michoacán, especialmente en el quehacer cultural enfocado al rescate de tradiciones y a la creación para darle a Michoacán dimensión nacional e internacional, como lo fue con la Fiesta Michoacana a partir del Festival de Zacán o el Encuentro Internacional de Poesía.
Actores genuinos de ese impulso al quehacer cultural estaban presentes: el maestro alfarero y escultor Juan Torres; los artesanos del cobre; los Hermanos Dimas, exponentes de la música purépecha; al igual que integrantes y nuevos descendientes de aquel Conjunto Erandi, que amenizaron el convivio.
Mera coincidencia: el mismo día y hora, el Lic. Andrés Manuel López Obrador, hoy Presidente de la República, emanado e impulsado en esa lucha por la Democracia liderada por el Ing. Cárdenas, realizaba su primera gira por Michoacán, en la Tierra Caliente de Huetamo; evento en el que, se supo, hubo desaires al gobernador Silvano Aureoles.
Una escultura en cobre forjada por el laureado artesano Audón Punzo Ángel fue testimonio de gratitud y reconocimiento para exaltar que el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas “sigue siendo mi gallo” para eso de la inacabada —y también traicionada— lucha por la Democracia; trabajo que concita más tareas por venir, si se saca inferencia de la dedicatoria que el líder estampó en la fotografía de la legislatura del sexenio ’80–’86 donde se lee:
“Para mi amigo Raúl Reyes, compañero de lucha de ayer, hoy y de mañana.”
A propósito de tal dedicatoria exclamé ante el aludido y mis compañeros de viaje —Salvador Hernández Mora, Alfredo Torres y Víctor Corona—:
—¡Qué compromiso!…
Y para no quedarme con la duda pregunté al líder, como aquella vez cuando todavía no lo era, el día que regresábamos de Salitre de Estopila, en las postrimerías de su mandato:
—¿Y ahora qué vamos a hacer?, ¿usted qué va a hacer?, ¿cómo nos adaptaremos al ritmo lento?
Traíamos un acelerado ritmo tras quinientas giras en las que visitábamos entre 15 y 25 pueblos diariamente; y agotamos todos los medios de transporte: camioneta, tren, caballo, avioneta, lancha, caminata, armón.
Ya había indicios entonces de que una especie de Revolución estaba por venir. Lo había percibido en sus pronunciamientos ante el Presidente Miguel de la Madrid; en su revisión de las reformas regresivas a la Constitución General de la República presentada en las Jornadas de Historia de Occidente, y en su discurso dado a la comunidad politécnica que apoteósica recibió el mensaje en ocasión del tradicional homenaje al General Lázaro Cárdenas, creador de esa institución baluarte de desarrollo y soberanía nacional.
Sentados a la vera del camino, allá frente a la costa, dijo lacónico a los periodistas que le acompañamos casi siempre:
—Ya veremos, pero algo vamos a hacer…
No tardó aquel Movimiento por la Democracia encabezado por él, que transformó la historia de este país.
Y ahora me volvió a responder:
—Ya veremos, pero algo vamos a hacer…
Fue congratulante ver al líder de aquellas multitudes contento y hasta dejar como anécdota su agradecimiento al exrector y exgobernador interino Genovevo Figueroa, por haber corrido a Humberto de su puesto en la Universidad Michoacana, como el propio anfitrión lo reveló al “justificar” haber omitido el nombre de ese invitado en el ofrecimiento que hizo de la suculenta comida con abundante riego de mezcal, bajo enhiestos árboles cual la dignidad y congruencia del líder de multitudes, ahora departiendo entre unos cuantos amigos y correligionarios.

Magnifica crónica de esa grata comida con mi querido Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano, muchas gracias Arturo