
García Harfuch y la perrita atropellada
Arturo Hernández Tovar
23 de agosto de 2026
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Con entusiasmo harto desbordado se ha festinado que el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, haya sido cubierto de elogios por altos funcionarios del gobierno norteamericano al presentar los resultados logrados por el gobierno mexicano en la conferencia antidrogas organizada por la DEA, especialmente en lo que atañe a la producción y venta de drogas.
El flamante funcionario asistió a esa cumbre, no obstante que en principio la Presidenta Claudia no estaba de acuerdo, según lo reveló ella misma; pero lo admitió después de haber sometido a ejercicio democrático esa decisión ante su Gabinete de Seguridad. Así que este fue su primer examen democrático exitoso, ya podrá presumir Omar García Harfuch a la hora de otras decisiones que, se esperaría, también fuesen democráticas.
Se ha divulgado que a esa cumbre realizada en Buenos Aires, Argentina, asistieron unos 600 funcionarios, entre quienes se encontraban poco más de un centenar de representantes de países invitados convocados. Cual si así hubiese sido organizado —o les hubiera salido el tiro por la culata—, la estrella de ese evento resultó ser nada menos que el nieto del General Marcelino García Barragán, cuyo prestigio quedó manchado por la matanza de Tlatelolco en 1968.
Su prosapia le fue abonada, sin embargo, por el reconocimiento que su padre tuvo como político al llegar a ofrendar la candidatura presidencial que muchos daban por hecho que le correspondía. Pero Omar García Harfuch no se asume como político. Insiste en que él lo que siempre quiso ser es policía. No ha revelado cuál fue su inspiración. Pero por sus hechos se podrá estar de acuerdo en que su anhelo es combatir el mal, a menos que, como supo hacer su famoso antecesor en ese cargo al lado de Felipe Calderón, tenga muy bien guardado un secreto, contando con la confabulación de quienes organizaron todo un foro internacional para proyectarlo como estrella.
En una de esas hasta lo hacen titular de la DEA o crean un organismo nuevo que se encargue de combatir el cáncer que representa la producción, comercialización y consumo de drogas, que cada vez más se muestra como instrumento de sometimiento de pueblos enteros.
—¡Algo quieren con ese muñeco los gringos!...
Y de este lado se entusiasman muchos sin recato con su figura, ponderándolo como el perfil merecedor de suceder a la primera mujer que ha llegado a la Presidencia de la República.
¡Algo quieren con ese muñeco! Pero... ¡cuidado... no vaya a ser que la anécdota metafórica contada por el Ing. Heberto Castillo a Andrés Manuel López Obrador se torne infausta premonición!
A reserva de que el inveterado líder creador de MORENA y la llamada Cuarta Transformación la relate con mayor puntualidad o me desmienta, evoco —palabras menos, palabras más— lo que alguna vez, a bordo de una camioneta nos platicó en un traslado, luego de que acudió a visitar al Ing. Heberto Castillo mientras se encontraba hospitalizado:
—¡Hay que tener mucho cuidado cuando un político o un poderoso te busque y te elogie. Es que algo quiere! Hay veces que hasta les da por aspirar tus malos olores, para inspirarte confianza. No vaya a pasarnos lo que a aquella perrita que abandonaron en un camellón y que, por dejarse llevar por los cortejos de un perro apuesto... terminó atropellada con todo y sus perritos; algunos de los cuales murieron, mientras que otros quedaron en la orfandad...
¡No vaya a ser!...
A estas alturas es de entenderse que Andrés Manuel López Obrador, por entonces líder en ciernes, tuvo muy en cuenta la fábula con la que el Ing. Heberto Castillo optó por transmitirle alguna de sus experiencias como aguerrido luchador social y buen calculador de pesos y contrapesos en ese sistema de construcción llamado tridilosa que él desarrolló exitosamente.
Es muy posible que de lecciones como esta haya alimentado su convicción de que «el pueblo es sabio», como tanto ha repetido. Vale aclarar, para evitar confusiones, que la protagonista de la fábula relatada no es como la perrita de Trump que quedó de emblema del reciente Mundial de Futbol, que en ese tiempo no existía o, si acaso, se encontraba in vitro.
Esta, desdichadamente, es muy posible que a partir de noviembre venidero quede sin collar, al garete y expuesta a terribles calamidades, si antes no se desarrolla una vacuna que la proteja.

